¿Hasta dónde llegarías para estar guapa?
- 7 abr
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Actualizado: 21 may
La extraña “dieta” del barro en mujeres del siglo XVII

En la España de los siglos XVI y XVII algunas mujeres de la lata sociedad seguían una práctica sorprendente: comer arcilla rojiza, conocida como búcaro. Creían que así podían tener la piel más pálida, adelgazar o, incluso, evitar el embarazo; aunque las consecuencias para la salud solían ser graves.

Una de las personas que dejó testimonio de esta costumbre fue Estefanía de la Encarnación, una monja y pintora madrileña del siglo XVII. En su autobiografía contaba que, cuando tenía unos doce años, empezó a comer búcaro después de verlo hacer en casa de una marquesa. Como consumía poca cantidades pensaba que no hacía nada malo. Algunas mujeres incluso afirmaban que esta práctica podía producir sensaciones narcóticas o místicas.
A esta costumbre se la conoce como bucarofagia, y consistía en ingerir pequeños fragmentos de arcilla roja muy fina y porosa. Originalmente estos recipientes de barro se utilizaban para perfumar y mantener fresca el agua, como un botijo. Sin embargo, algunas mujeres comenzaron a consumirlos por sus supuestos efectos sobre el cuerpo.
Los investigadores aún discuten cómo se comía exactamente el barro, ya que la cerámica cocida es muy dura. Probablemente existían piezas sin cocer o muy pequeñas que podían ingerirse.
Un ejemplo famoso aparece en Las Meninas de Velázquez. En el cuadro, una de las meninas ofrece algo a la infanta Margarita de Austria, hija de Felipe IV. Según algunos historiadores, podría tratarse de un trozo de búcaro, que se utilizaba para reducir el sangrado menstrual, se creía que podría actuar como anticonceptivo.


La práctica fue tan conocida que aparece mencionada en obras de Lope de Vega, Quevedo, Calderón e, incluso, Cervantes. Entre la nobleza, coleccionar búcaros también se convirtió en una moda y un símbolo de estatus.
Algunas crónicas de viajeros de la época, como la de la francesa Catherine d’Aulnoy, describían que las mujeres españolas que consumían barro tenían la piel amarillenta, no blanca como pretendían. Además, esta costumbre podía provocar anemia y problemas de salud.
Más allá de lo extraño que pueda parecer hoy, esta práctica refleja algo que se ha repetido a lo largo de la historia: la presión social sobre las mujeres para cumplir ciertos ideales de belleza. En aquella época, el modelo femenino exigía piel muy pálida y cuerpo delgado, y consumir búcaros era una forma de adaptarse a esas expectativas y demostrar pertenencia a la élite social. Pero esto es cosa del pasado… ¿o seguimos hoy persiguiendo ideales de belleza igual de absurdos?


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